Yure

DATOS INTRODUCTORIOS AL TRATAMIENTO DE CEFALÓFAGOS

 

 

 

El pequeño cefalófago se despierta de madrugada. Levanta con lentitud sus posaderas y agita sus patitas traseras, frotando  placenteramente la una contra la otra. Se despereza y se yergue, estirando todas sus vértebras y haciendo un ruidito (“hmm..”) de placer. El cefalófago medio, de tamaño comprendido entre los 1650 y 1850 cm, se puede ver claramente ejemplificado a la hora del café, cuando suele tener entre sus patas delanteras –que no usa para su apoyo, sino como herramienta de manipulación- celulosa manipulada en la que se han depositado manchitas de tinta que el cefalófago, hábilmente, interpreta.

 

No es hasta después de la ingesta rutinaria de cafeína –sustancia muy apreciada entre el cefalófago de edad adulta- cuando el cefalófago sale del estado larvario en que la hibernación diaria le deja, y experimenta su desarrollo a cefalófago medio-grande. Entre las familias de cefalófagos, jerarquizadas en enrevesadas estructuras de poder, es terriblemente difícil este cambio en especial, hecho el cual ha llegado a crear una subespecie denominada “cefalófago frustrado” que se deriva, a su vez, en varias ramas (ordenadas jerárquicamente de menor a mayor estado de desarrollo): rebelde -que evoluciona a disidente en su etapa adulta-, eremita y líder de la oposición.

 

El gran cefalófago, el más conocido entre los ciudadanos y protagonista de numerosas leyendas urbanas, presenta miembros claramente desarrollados, traje corbata y cubertores de las extremidades traseras recubiertos de cuero en su mayoría negro. Su hábitat natural es el despacho u oficina, progresivamente más lujoso cuanto más se desarrollan sus facultades. No debemos caer, ante el tratamiento con esta especie, en ninguno de los dos extremos habitualmente adoptados por el ciudadano medio: ni en la completa ignorancia e indiferencia, ni el sometimiento resignado. El gran cefalófago, plenamente desarrollado, debe su nombre a la manipulación parásita de las cabezas humanas –elemento fundamental en su dieta-, tragando todo aquel pensamiento independiente o lúcido y sustituyéndolo por una mezcla de heces y saliva que se ha dado en llamar “cultura popular”.

 

En su condición de parásito, el cefalófago ha llegado a constituir una poderosa plaga difícil de erradicar en nuestra sociedad. Se ruega alejarse de cualquier foco de contacto, y ante la más mínima duda de posible infección acudir al punto de lectura más cercano. 

Comentarios

genial!! bravísimo, me ha gustado mucho,, deberías ampliarlo, la idea es cojonuda

Judithhhhhhhhhhhhhhhhh, tngo q dcirte q m reí muxíííííísimooooo qando leí ste fragmento..... jajajaja MUY WENO !!! ;-)

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