NADA MÁS QUE POR SALVARTE

Podría viciarme a ti. Acostumbrarme y dejar que mis raíces jugasen, despreocupadas, entre tus dedos. Podría coger la afición de besarte, tímidamente, antes de que despertaras y hacerlo de nuevo, más apasionada, cuando ya sonrieras al nuevo día. Podría sentirme libre apresada en ese estatismo que supondría una vida consagrada contigo en un futuro que aún no logro imaginar.
Dejar que mi pelo se infinite, quebrar la robustez de mis dedos de tanto desgranar las horas a tu lado. Formar una familia y hacernos una foto de estudio que colgar en el salón. Pasear contigo, muy guapa, los domingos. Hacer el amor todas las noches, resumiendo el infinito en una parte de la alcoba. Repetir con monotonía, año tras año, un consolidado patrón detrabajo. Comprarme suéters de cuello alto para el otoño. Olvidar dónde he puesto mi maleta.
Comprar visillos para la cocina decorados con conejitos de Beatrix Potter, cocinar para ti. Nada de esto va conmigo. Así que te miro, te deseo y procuro sonreírte con indiferencia, haciéndote ver que nuestras vidas no se han cruzado. No estoy preparada para anclarme a nada ni a nadie. Yo nací en un tren en marcha.
Esta noche imaginaré cómo serías clavándote en mí, me sentiré irremediablemente masoca, y te echaré de menos con la amargura propia de los cobardes. Y eso es todo. Mañana me espera un nuevo día en otra parte, muy lejos de tus labios deleitantes y tus dedos deseados.


