Yure

NADA EN LO QUE APOYARSE

 

 

 

Debe estar el mar por alguna parte,

cerca, muy cerca.

Emitir su rugido inmisericorde

y su omnipresente fuerza.

Debe estar tras las fachadas

de aquellas casas enhiestas

en la línea de horizonte,

o filtrado entre la tierra,

o escondido entre los árboles,

o bajo la carretera.

Lo presiento porque noto

el salitre royendo mis piernas.

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