Yure

PARA QUE TE MARCHES, AUNQUE YO NO QUIERO.



El regreso es una palabra teñida de melancolía. El regreso se anuncia con sonrisas a medias, con crepúsculos quizá dorados, con suspiros que son broches que son recuerdos hechos trenzas. El regreso se trastoca, se inventa, se falacia. El regreso hiere al hueso sin carne, a las viejas cicatrices. Un regreso nunca será un día con flores, si no son ésas que uno encuentra, gordas y obituarias, en el lecho de los muertos. Regresar es irse más, romper el ciclo, desvincularse convencido de una realidad que ya no nos pertenece. El regreso es ahogo en pleno día, el regreso es llanto. Y si hay algo más que brote tras el regreso, es el canto del cisne. El sordo y ronco estertor del cisne.

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