Yure

REFLEXIÓN ANTE UNA POSIBLE MUERTE INMINENTE



El día que vas a morir, la zorra de tu tía por fin es una zorra. Y se lo dices a la cara: zorra malparida.  Total, qué más da todo ya. El día que vas a morir, el lameculos de tu novio por fin ha perdido ese cierto encanto en la sonrisa que era tu justificación para seguir con él en busca de un futuro (¿qué mierdas de futuro, si te vas a morir mañana?). El día que vas a morir, está claro que eso a lo que llevabas tanto tiempo dándole vueltas con aquel chaval era echar un polvo. Sin tapujos, sin paliativos, sin eufemismos. Sin engaños.

El día que vas a morir, sabes que es asco lo que te produce aquel sitio donde en otro tiempo quisiste no ser desgraciada, y que la gente que realmente importa se cuenta con los dedos de una mano. Que el amor es poco, y está sobrevalorado, y aquello que sentiste tantos años no lo era. Que después de todo, tampoco eres tan feo.  Que follas de puta madre y que te aburre pasear.

El día que vas a morir haces una cierta evaluación de pasado, y te das cuenta de que has invertido todo tu tiempo de vida en hacer cosas que esperabas te aportaran un beneficio en el futuro, hipotecando tu presente en pro de un tiempo incierto que finalmente no ha venido.  Y pasa el tiempo por delante de tus ojos, mostrándote los momentos significativos, que no son otra cosa que aquellos en que realmente viviste el presente. Te maldices por todos los errores que no cometiste, por todo tu capital de tiempo de calidad que poseíste y perdiste por una promesa mejor y maravillosa, y tú que te creías tan listo ni siquiera oliste que aquello era el timo de la estampita, el yugo del sabidillo, el brazo del represor; pero al final resulta que han sido pocos. Dos o tres momentos carnales, un par de entregas de premios, un viaje, una actuación, el día que conociste a tu hermano.

¿Estás de acuerdo? ¿Te parece bien así? Pues te estás muriendo. Tú, sí, ahora; y que puede que toda la esclavitud social en busca de algo más fructífero no sirva de nada. Que callar y aguantar esperando que mejore no sirve de nada. Que torturarte diariamente en un campo baldío no sirve de nada. Y mañana puedes morir. Y entonces sería una bonita paradoja leer esto hoy y, sin embargo, no llamarte Santiago Nasar.

Comentarios

Carpe diem, Yure, collige virgo rosas. Muchas gracias por recordarme lo realmente importante. Besos desde Tokio

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