Yure

AL CAIENT DE LA NIT

Escrito por yure 24-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

Cos daurat. Cos amb pell de faraó, de déu egipci, de amo del desert y senyor de la sorra. Ulls negres, pell nua amb olor a calor humà que prové del seu ventre, la seva nuca i el seu sexe resplendent i sucós. Estès sobre eixa llarga i solitària banda d’arena que li acarona la pell amb els seus petits grans d’or com un miliar de dits infinits, ràpides, amb ànsia d’arpar-li de molt dins eixe gemec plaent que sortirà pels seus vermells i apetibles llavis amb semblança de maduixa madura.

 

Un mar, un infinit de partícules tan màgiques que tinten el seu color del mateix reflex del sol ataronjat del vespre, que el furten com si foren xiquets juganers i envejosos de la lluentor de la seva desitjable pell. Ballen la dansa del capvespre dibuixant espirals en la seva esquena, abraçant-li els músculs, la carn de les espatlles, els bíceps, el melic, les natges, els genolls, els peus. Dibuixen una perfecta coreografia fent veure que busquen, però sense voler acabar de trobar mai.

 

S’han enamorat. Ni tan sols la platja pot resistir-se a fer-ho, quan el meu déu egipci frega el seu cos contra ella.

PECES PLATEADOS

Escrito por yure 08-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

Medirte con la lengua. Saborearte con ansia, clavando los dientes, como si te fueras a acabar. Llenarte de mi saliva hasta que te escurras entre mis dedos, como los peces plateados. Y los minutos se paran, se eternizan, y las saetas del reloj bailan mi danza de lobo hambriento.

 

Miedo, miedo, miedo. Miedo de mí, de descubrirme, de desbordarme. De saltar. ¿Miedo de qué? De dejar de tenerlo. La conciencia, lo correcto, los excesos pasados, las cosas que nunca hice, las que nunca debí hacer. Y de vez en cuando se me cuelan entre las sienes y me hacen sentir muy niña, muy frágil, como buscando un regazo en el que llorar. Y los peces plateados, que no bailan a mi ritmo. Y por más que me empeño, no encuentro la melodía adecuada.

 

Peces de colores, peces escurridizos, peces inventados, peces que se reflejan en el espejo del baño cuando nos miramos fijamente al centro de los ojos. Y la clepsidra va cayendo, desbordando las gotas. De la jarra a la boca, de la boca a los labios, rojos, calientes contra el agua tan fría, y de ahí a bordear la comisura. La barbilla, el cuello, y cierro los ojos (me hace cosquillas). La clavícula, el pecho, los senos. El pezón, siempre tan rosa, ahora marrón y encogido. La tripa, el ombligo: se cuela dentro y me da un escalofrío que me llega a las ingles, a la espalda, a las piernas. Y ahí se queda, jugando en su curva, hasta que poco a poco se evapora.

 

Sueño que se forma una nubecita, y que va navegando como un barco velero por la ventana, por las calles, las ciudades, hasta llegar a tu casa. Que se cuela por tu ventana, y se mete en tu aposento. Se pasea, juguetona como un niño chico, para llegar a tu nuca, y condensarse en tu espalda. No sé si era esto lo que me enseñaron en la escuela como el ciclo del agua…

VERANO

Escrito por yure 08-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

A Malta.

 

Huelo a ti.

 

Me huele a ti la tripa, el verano, el sol de mediodía. Los helados, los olivos del monte Etna, el sol de la Toscana. Los isleños de torsos desnudos que convierten a Lolita (mi dulce y pecaminosa Lolita) en una sumisa ama de casa. Los ansiosos lobos europeos que desaparecen con el próximo avión. El placer, la piel, los cuerpos. Las gotitas de sudor que perlan tu torso. El verde entre las carreteras, el fondo del océano. La tierra que ruge, húmeda y salvaje, y hasta el calor que desprende mi cuerpo.

 

El helado es más sabroso antes de llevarlo a la boca, cuando lo lames con los ojos. Lo mejor del placer es el deseo.

PIEL

Escrito por yure 18-06-2008 en General. Comentarios (4)

 

 

Invade mi casa,

piérdeme el respeto,

recorre mi piel,

calienta mis sueños,

haz que te suplique

hundirte en mi cuerpo,

provócame fiebre

y cúrala luego,

corre ansioso

conmigo al infierno

buscando placer,

sacia mi deseo,

inunda mi ser,

sábete mi dueño.

CUENTO INFANTIL

Escrito por yure 01-05-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

 

 Aquella tarde, como todos los sábados, Caperucita cruzó el gran bosque para llegar a casa de la abuelita. Aunque sabía de sobra que a aquella hora la abuelita estaba fuera, en su partida de mus con el leñador y un par de guardabosques que frecuentaban la zona. Al llegar a la curva del gran roble se le dibujó una sonrisa predictora, fruto de aquella costumbre que tanto la complacía y que había acabado con su aburrida monotonía en la aldea.

 

- Hola, Caperucita, ¿dónde vas tú solita por este bosque tan oscuro?

 

Sabía que al lobo le encantaba aquello. Así que le complació, como siempre:

 

- A casa de mi abuelita. Y mi mamá me ha dicho que no hable con extraños…

 

- Pero yo no soy malo, caperucita, es cierto que soy un lobo, pero un lobo bueno que no va a hacerte nada…

 

Caperucita sintió una decepción dentro de sí, ¡¿cómo que nada?! Al lobito le estaban empezando a pesar los años. Así que se desvió por el camino largo, a dejarle a la abuelita la comida del domingo, que siempre se le alargaba la juerga y luego solo comía precocinados. Con sus años debía cuidarse más, no tenía el estómago ya para trotes.

 

Cuando llegó a casa de la abuelita vio sobre la cama al lobo muy bien disfrazado con el camisón violeta, y se volvió a animar.

 

- Qué brazos tan grandes tienes, abuelita…

 

- Son para abrazarte mejor, Caperucita

 

- ¡Y qué ojos tan grandes tienes!

 

- Son para contemplarte mejor, nietecita mía.

 

- Y la boca, abuelita, qué boca tan grande tienes…

 

- ¡Es... es para comerte mejor!

 

Y Caperucita sonrió, lujuriosa, mientras el lobo la devoraba una vez más.

 

 

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