Yure

TANTA PERSONA, Y TAN POCO SER HUMANO...

Escrito por yure 17-08-2007 en General. Comentarios (1)

 

http://yure.blogspot.es/img/Soledad.jpg 

 

En busca de otro puntito rojo (confiando en que lo haya)...

ENSALADA MEDITERRÁNEA

Escrito por yure 26-05-2007 en General. Comentarios (2)

 

 

Cuando sobra ensalada, porque tú no comes conmigo, el vinagre se pone malo y estropea las verduras. Cuando inconscientemente parto tomate para dos y le echo el aceite por encima sé que se va a poner malo en la nevera, pero aún así lo arreglo y lo preparo con esmero, y me miento por un instante y me prohíbo pensar que tú no estás en el comedor, esperándome. Esa sonrisa con olor a lechuga me inunda los ojos, y por un momento me siento alegre y con olor a verano y a ti. Recién cortada, en el cuenco, está preciosa. Los colores se entremezclan gritándole al mundo que están vivos, y yo quiero gritar con ellos. Así que me encamino al comedor, y justo antes de cruzar el umbral me da un vuelco el corazón, como siempre que te voy a ver. El pulso se me dispara y me siento tremendamente excitada, me gustas tanto... Pero entonces cruzo la puerta, y veo la sala vacía, y me sirvo la ensalada y sobra la mitad (tu mitad). Así que el ánimo se me espachurra, como la ensalada con el vinagre, y me dirijo a la cocina. Abro el cubo de basura y vuelco en él mis esperanzas, sentimientos y tu parte de lechuga.

ÁCIDO

Escrito por yure 10-05-2007 en General. Comentarios (0)

 

           No son tus labios, pero se parecen. Si cierro los ojos puedo imaginar que su sabor es aquel que tanto echo de menos. Corren por mi boca fugaces y maravillosos, y puedo creer un momento de felicidad perecedera si consigo acallar un poquito las voces de mi mente. O quizá toda la felicidad es perecedera, y aquella eterna que sueño junto a ti es imposible.

 

No son tus brazos, pero emiten un calor parecido. Me abrazan y me siento protegida, y sé que nadie va a dudar de ello, porque qué sentido tiene dudar ante la evidencia. Los noto fuertes alrededor de mi torso y me imagino junco, y dejo que me cimbree como el viento de la primavera. Él salvaje, yo todavía verde. Dejo que me bailen toda entera, y que me mezan a su antojo. Quizá -solo quizá- como tú, y si cierro los ojos puedo llegar a atisbar una semejanza entre su cuerpo y el tuyo.

 

Pero su alma no se parece. Es opaca, y cuando me miro en ella no veo un universo rico, sino un archivador por orden alfabético. Y en sus ojos no veo el mundo en el que me muero por internarme, sino dos objetivos de cámara, de las de un solo uso. Y echo de menos el sentirme libre, como junto a ti, y entonces sus brazos me pesan sobre el cuerpo como dos enormes cadenas de ancla. Y me ahoga su torso y me quema su calor. Y comienzo a sentir claustrofobia, dentro de un alma tan pequeña. Y echo de menos la otra, la lejana, la tuya. Sus galerías y jardines, y su luz de sol radiante, esa que nace de muy dentro, del centro más recóndito de tu alma. Y sus labios son como un caracol con baba corrosiva que va surcando mi piel de llagas. Y entonces, pese a estar entre sus brazos, me siento sola, muy sola. Y hago otro añico de mi ajada alma en un nuevo intento por buscarte en él, y me sumerjo en su cuerpo como un perro herido que busca que le curen las heridas. Pese a que sé que no te voy a encontrar, y que me voy a seguir quemando. 

BESO DE LAS OLAS

Escrito por yure 10-05-2007 en General. Comentarios (0)

 

           Hoy he ido a la playa. He soltado mis cabellos y, de cara al mar, he abierto los brazos y el alma para que la brisa de olor a sal y gaviotas me inundara. Es tan bello y sobrecogedor, el nuestro... me siento frente a él tan pequeña e insegura, y a la vez tan reconfortantemente impotente...

 

He imaginado – deseado, más bien – que soy la playa; y me he sentido extensa, dorada, fina y caliente por los rayos con que el tímido sol de abril me empieza a acariciar, rotunda e infinita, tan simplemente compleja...

 

He arrimado mis pies al mar, a esa zona donde llegan los últimos lengüetazos de ola y siempre está húmeda, y he sentido – nuevamente el deseo – que el mar eras tú, y que jugabas conmigo a lamerme las piernas, tan húmedas presintiéndote, y te deslizabas poco a poco, yendo y viniendo a mi piel, aumentando el ardor como le sucede a la playa – yo – según avanzan los fecundos días de primavera. Me he extendido, deshecha en arena, para abrirme a ti, mientras tú – tus dedos infinitos, tu precioso cuerpo rebosante de húmeda fertilidad – escalabas por mí poco a poco, matándome de deseo en espera de la noche, cuando la marea te trae hacia mí y te introduces en mis entrañas, y vuelves a salir, y vuelves a entrar en un delicioso e infinito lamer de olas que me penetran y hacen sentir tu fuerza, regalándome todo tu poder al romper pleno en mí, eterno y deseado mar de mi anhelo.

 

Y he guardado tus secretos, tus caracolas, tus trozos de alga, muy escondidos en mi interior en una complicidad deliciosa cuando te has ido, regando mis doradas piernas con un manto de blanca espuma. Te has despedido con un guiño y me has dejado, satisfecha, a la espera impaciente – siento, plena, mis límites cuando me extiendo en los tuyos, alcanzando en tu agua, como playa, mi placentera totalidad – de la siguiente noche, cuando volvamos a estar solos y la luna, dichosa cómplice, te ayude a escalar por mis piernas, para apagar el calor que acumulo durante el día, sedienta de ti.

 

Al despertar de mi sueño – deseo – la brisa me anegaba, despidiéndome del mismo sol, la misma arena, la misma agua que comparte tus días. Y me he marchado con la tristeza del que se aleja de un amigo, dulce por el recuerdo y amarga por la añoranza. Qué perfectamente bello es este mar nuestro.